El gran cuaderno

Ágota Kristóf escribió en 1986 «Le Grand Cahier» (El gran cuaderno), una novela que, curiosamente, contiene entre sus páginas una descripción de su propio estilo.

La novela está ambientada en una guerra sin nombre y cuenta la historia de dos hermanos gemelos cuya madre los manda a vivir con su abuela para alejarlos del peligro. Los hermanos tienen que adaptarse a una vida más dura de lo acostumbrado, pero demuestran iniciativa adquiriendo un cuaderno y lápices y enseñándose a sí mismos ortografía, artimética y, lo que nos interesa a nosotros, redacción. Escriben sobre sus experiencias (las tareas del campo, el militar que ocupa una de las habitaciones…) y se corrigen el uno al otro.

Para decidir si está Bien o Mal usamos una regla muy simple: la redacción tiene que ser cierta. Debemos describir lo que hay, lo que vemos, lo que oímos, lo que hacemos.

Por ejemplo, está prohibido escribir «Abuela es como una bruja»; pero podemos escribir «La gente llama a Abuela «la Bruja»«.

Está prohibido escribir «El Pueblo es bonito», porque El Pueblo puede ser bonito para nosotros y feo para otra persona.

Del mismo modo, si escribimos «El ordenanza es amable» no estamos escribiendo una verdad, porque el ordenanza podría ser capaz de cosas terribles de las que nosotros nada sabemos. Por eso escribimos simplemente «El ordenanza nos ha dado mantas».

Escribimos «Comemos muchas nueces» y no «Adoramos las nueces», porque la palabra «adorar» no es fiable, carece de precisión y objetividad. «Adorar las nueces» y «adorar a Madre» no significan lo mismo. La primera expresión designa un sabor agradable en la boca, la segunda, un sentimiento. Las palabras que describen sentimientos son imprecisas. Es mejor evitarlas y ceñirse a la descripción de objetos, personas y uno mismo, es decir, a la descripción fiel de los hechos.

Ágota Kristóf, «Le Grand Cahier» (El gran cuaderno)

El papel del guionista de videojuegos

Entre las muchas consultas que nunca respondo (pero tampoco olvido), una que se suele repetir es en qué consiste el guión de un videojuego. La respuesta es muy amplia: Pac-Man (el «comecocos») no tiene guión, mientras que el estudio detrás de Beyond: Two Souls (PS3) lleva meses presumiendo de su guión de 2000 páginas (frente a las 100 de un largometraje normal).

Rhianna Pratchett (sí, la hija de Terry «Mundodisco») resume bien en esta entrevista el papel variable y flexible del guionista de videojuegos.

«Los juegos funcionan de una manera muy diferente a otros medios de entretenimiento. Normalmente la mecánica de juego, el diseño de niveles y el arte se conciben primero por los desarrolladores […] Me llaman para un proyecto cuando lleva un año o dos en desarrollo, y me dan los elementos existentes para trabajar. Eso puede suponer una sinopsis y algunas biografías de personajes (como en Tomb Raider) o que el juego al completo ha sido diseñado sin una narrativa en mente (lo podemos ver en Mirror’s Edge). Mi trabajo consiste en tomar lo que hay, rellenar los huecos, coserlo todo junto y hacer que funcione con las mecánicas del juego.»

Fuente: indie-o-rama

Decoración de interiores

Estos días me he cruzado una cita atribuida a Ernest Hemingway que, a pesar del silencio reciente, no podía dejar de compartir:

“La prosa es arquitectura, no decoración de interiores.”

Fuente: LitReactor

Habita en tu interior una energía que se traduce en acción. Como solo va a vivir una persona como tú en toda la eternidad, la expresión de esta fuerza vital es única; y si la bloqueas, no existirá jamás en forma alguna y se perderá. El mundo se quedará sin ella. No te concierne a ti juzgar si es buena, valiosa o comparable a otras. Tu única tarea es conservarla limpia y tuya, y dejar el cauce abierto.

Martha Graham

Borrachera poética

El escritor que se preocupa más de las palabras que de la historia (personajes, acción, ambientación, atmósfera…) dificilmente podrá crear una fantasía vívida y continua. Él mismo se entorpece. En su borrachera poética, es incapaz de distinguir el carro (y lo que transporta) del caballo.
John Gardner (visto en LitReactor)

¡Vuelve el podcast!

Ha costado, pero aquí está: la sesión 28 del taller literario. ¡Gracias por vuestra paciencia durante esta larga espera!

Con este audio cerramos el bloque dedicado a estilo. Quedan cuestiones en el tintero (siempre quedan) pero resolveremos aquellas que planteéis en vuestras consultas.

Ah, y una posdata: si, como yo, os habéis entristecido estos días al saber de la muerte de Ray Bradbury, volved a escuchar «La Sirena» o, mejor aún, sumergíos en uno de sus libros. ¡Ellos no descansan en paz!

      Ray Bradbury: La sirena

Hay vida ahí fuera

Hay quien dice que escribir es su vida, su pasión, su esto y lo otro, su blablablá. Lo dicen escritores consagrados y autores aficionados.

Para otros, en cambio, ganarse la vida plantando letras una detrás de otra es una carga insufrible, y esto es algo que no se suele ver. Era el caso de Frederica Sagor Maas, fallecida hace escasas semanas a la fabulosa edad de 111 años. Guionista en Hollywood desde los tiempos del cine mudo, sus textos lanzaron la carrera de más de una estrella de la época. Ella, en cambio, solo recordaba en sus memorias «el chauvinismo, la misoginia y la discriminación a la que se vio sometida como mujer en esta industria en los años veinte», como resume el obituario que le dedica El País.

Su filmografía en IMDB recoge la mayoría de sus títulos como «sin acreditar»:

Algunos de aquellos guiones llevaban muchas horas de trabajo, pero en el momento en que los entregabas, el reconocimiento se lo llevaba otro. Y, además, te etiquetaban de conflictiva. Las opciones eran cerrar la boca o dejar la industria.

En 1950 lo hizo. Entró a trabajar como mecanógrafa en una agencia de seguros y rápidamente se labró una exitosa carrera. El País concluye:

La guionista nunca se arrepintió de su decisión y en una de sus últimas entrevistas aseguró que si pudiera echar marcha atrás volvería a dejar esta industria «sin sustancia» y se dedicaría a fregar escaleras.

Quizá sea un consuelo para aquellos de nosotros que no nos ganamos la vida escribiendo. O como dicen en las películas Disney, ten cuidado con lo que deseas.