Recordatorio sobre suscripciones

Desde que hemos mudado el Taller Literario aquí, blog incluido, la cosa está bastante animada, con una cantidad récord de comentarios. Los visitantes únicos del mes pasado se acercan a los sesenta mil, que se dice pronto. ¡Muchas gracias a todos!

Para estar al día de lo que se cuece, os recomiendo las suscripciones por RSS, por ejemplo a través de Google Reader. Así podéis estar al día de todas las entradas que voy añadiendo (All Posts) y de todos los comentarios (All Comments), que es donde realmente está la chicha.

Además, para la suscripción al podcast disponéis de dos opciones: RSS o iTunes, lo que os resulte más cómodo.

Los que sean más inexpertos en estas lides (o no quieran suscribirse a pesar de mis recomendaciones) tendrán sencillamente que volver con regularidad y echar un vistazo a las últimas aportaciones. A veces los debates son realmente interesantes, como aquí o aquí.

Para los que ya saben todo esto y no tienen ganas de que se lo repita, va en forma de posdata la noticia simpática del día: ¡me acabo de enterar de que los mismísimos Placebo son fans de Mrs. Carrington!

El papel del lector

Leo hoy la siguiente cita:

No somos tan inteligentes como las personas piensan que somos. La inteligencia está en dejar el libro abierto para que el lector concluya lo que quiera.

Colum McCann

Me ha recordado a uno de los epigramas que componen el prefacio de la maravillosa El Retrato de Dorian Gray.

Es al espectador, y no la vida, a quien refleja realmente el arte.

Oscar Wilde

No son los únicos que opinan que el lector escribe tanto como el escritor.

El papel del escritor consiste en construir una habitación con grandes ventanales y dejar que el lector imagine. La página es un lugar de encuentro.

Kevin Crossley-Holland

Toda novela es una colaboración a partes iguales entre escritor y lector. Es el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en la más absoluta intimidad.

Paul Auster

¿Y tú, qué crees?

Podcast 23

Ha costado pero ya está aquí la sesión número 23 del Taller Literario. La hemos llamado «Toma de decisiones» por llamarle algo y responde a una pequeña consulta de Freddy Astorga cuya respuesta crece y crece hasta abarcar todo lo que sabemos sobre narrativa. ¿Os atrevéis?

Os invito a usar los comentarios para cualquier duda que pueda quedar.

Malos consejos

En los últimos días se ha mencionado en diversos blogs lo problemático que puede resultar recibir malos consejos. Y no me refiero con eso a recibir críticas negativas (una de las ventajas de recibir opiniones es encontrar los puntos flacos para así poder mejorar tu texto). Me refiero más bien a consejos que puedan ser erróneos y sacarte del buen camino.

Eso es exactamente lo que he encontrado últimamento en el blog Advanced Fiction Writing. Su vergonzoso artículo sobre cómo escribir personajes del sexo opuesto encendió mis sospechas. Así que revisé un poco. Una pregunta muy específica sobre puntos de vista recibió por respuesta una disertación sobre los distintos tipos de narrador disponibles (la superficie de nuestra sesión número 5). Otra pregunta sobre si nombrar a los personajes por su nombre o por su apellido recibió el buen consejo de intentar mantener un apelativo constante, para luego poner el mal ejemplo de Voldemort (El Que No Debe Ser Nombrado, Ya Sabes Quién, Señor Oscuro, y un largo etcétera). Y así sigue el blog, entrada tras entrada.

Esto no es escritura «Advanced» de ningún tipo. Más bien parecen consejos sacados del Facebook de un adolescente. ¡Alejaos de los malos consejos! Ese es mi consejo ;-)

50.000 palabras

A menudo me preguntan cuál debe ser la longitud de una novela. Y todos hemos tenido el problema de querer llenar doscientas páginas y no tener nada que contar después de cincuenta. Los concursos suelen exigir un mínimo de 50.000 palabras. ¿Cuál es la longitud correcta de una novela?

Dejemos que hablen los expertos:

  • Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas – 26.700 palabras
  • Joseph Conrad, El Corazón de las Tinieblas – 38.500 palabras
  • H. P. Lovecraft, En las Montañas de la Locura – 41.300 palabras
  • Kenneth Grahame, El Viento en los Sauces – 58.800 palabras
  • Arthur Conan Doyle, El Perro de los Baskerville – 59.600 palabras
  • Isaac Asimov, Fundación – 66.000 palabras
  • James Joyce, Dublineses – 67.500 palabras
  • J. D. Salinger, El Guardián entre el Centeno – 74.000 palabras
  • J. K. Rowling, Harry Potter y la Piedra Filosofal – 77.000 palabras
  • Orson Scott Card, El Juego de Ender – 101.200 palabras
  • George Orwell, 1984 – 104.000 palabras
  • Stephen King, El Resplandor – 162.000 palabras
  • Leopoldo Alas Clarín, La Regenta30.400 309.000 palabras
  • Miguel de Cervantes , El Quijote – 383.000 palabras

Como véis hay tanto clásicos como recientes superventas de todas las longitudes posibles. En otras palabras: una novela dura lo que dura. Será tan larga como la historia lo requiera. Asimov y Carroll fueron bastante consistentes en la longitud de sus secuelas (quizá porque eran, sin desmerecer, más de lo mismo), mientras que a Card y Rowling las secuelas les iban creciendo conforme lo hacían sus universos.

Mira tu estantería: ¿los libros son gordos, estrechitos, o de todos los tamaños? ¿Y cuáles son tus favoritos? Quizá ese sea el tipo de novela que mejor se te dé escribir…

Ideas robadas

En los comentarios se está gestando un interesante debate sobre los certámenes literarios, los que son una oportunidad y los que son una estafa.

A raíz del tema de los plagios y el robo de ideas, surge otro debate interesante. ¿Cuál de estas afirmaciones es correcta?

  • No dejes de mover una idea por miedo a que te la roben: hay muchas más en el mismo sitio de donde sacaste esa.
  • Cualquier persona sólo va a tener, como mucho, UNA idea genial en su vida.

¿Tú qué crees?

Sacar tiempo

Oh dear! Oh dear! I shall be too late!
Ya se me hizo tarde... ¡Me voy, me voy, me voy!

A menudo nos preguntamos cómo sacar tiempo para escribir.

Últimamente he encontrado un sistema: cuando llego a casa del trabajo y no tengo otro plan, cojo el portátil, pongo música, preparo un refresco, y me siento en el balcón a escribir.

  • ¿Que protestan los gatos? Les echo de comer y sigo escribiendo.
  • ¿Que me da hambre? Preparo la cena, veo algún capítulo mientras como, y sigo escribiendo.
  • ¿Que se acumulan los platos? Limpio la cocina y sigo escribiendo.

Normalmente buscamos tiempo para escribir. A mí me está saliendo bien al revés: escribo, y voy sacando tiempo para lo demás.

¿Por qué no lo pruebas?