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Abstractamente

Katherine hace uso del formulario de contacto para hacernos una consulta:

Me está gustando mucho poner “mente” a los adjetivos para dar otro mismo dentro del texto (Ej: Extrañamente absurdo) ¿Es esto un mal uso de las palabras o hace parte del estilo?

¡Creo que eso de usar (por no decir “abusar de”) los adverbios acabados en “-mente” es una fase por la que hemos pasado todos! Yo también los usaba mucho. Luego leí por ahí que eran un vicio de principiante y que había que evitarlos a toda costa. ¿Y por qué?, me preguntaba yo. ¿Qué tienen de malo?
Con el tiempo me di cuenta: los adverbios acabados en -mente son abstracciones. De ellas hemos hablado bastante en el podcast, por ejemplo en la sesión 8, y creo que también en la 4 y en la 27. Ni siquiera son abstracciones aisladas (no son un sustantivo como “paz” o “velocidad”), sino que modifican a otra palabra (un adjetivo o un verbo), y estos a su vez pueden ser abstracciones, como en tu ejemplo (“absurdo”).

Si dijeras “ligeramente amarillo”, al menos lo modificado no sería una abstracción: el color es algo que podemos percibir con los sentidos. Pero ese “ligeramente” ya lo hace un poco más abstracto. ¿Cuán amarillo es? Habría sido más directo decir “beis”, “color arena”, “pajizo” o “rubio”. Menos palabras dicen más, porque comunican al lector la imagen de forma más directa y concreta.

{ 3 comentarios }

  1. Katherine | lunes 25 abril 2016 at 21:19 | Permalink

    Muchas gracias Alex, me alegró muchísimo ver esto!! :)
    El tema me interesó mucho dado que leyendo a Salinger, vi como los usa sin muchos reparos. Y continuando con las preguntas curiosas… ¿Qué piensas de usar dos narradores en una novela?¿Muy arriesgado ó inadecuado?

  2. Álex Hernández | martes 26 abril 2016 at 16:56 | Permalink

    Pues no he leído a Salinger, así que no puedo opinar. Ah, y habría que ver cuánto ha cambiado el texto en la traducción…

    También hay que decir que nada está prohibido en literatura, solo hay que saber qué efectos produce su uso… y no caer en el abuso ;-)

    Ya hemos hablado varias veces de historias con múltiples narradores.
    Te remito a consultas anteriores:
    http://alexhernandez.es/2011/12/05/multiples-narradores/
    http://alexhernandez.es/2010/08/29/multiples-puntos-de-vista/
    http://alexhernandez.es/2010/08/28/narradores-insoportables/

    Y por supuesto siempre puedes volver a la sesión dedicada a narradores:
    alexhernandez.es/taller-literario/sesion-05-narrador/

  3. Francisco Bravo | lunes 27 junio 2016 at 04:48 | Permalink

    Hola Alex! ^^

    Creo que muchos hemos pasado, al menos brevemente, por el pánico que supone el descubrir que dichos adverbios pueden menoscabar nuestros textos, sobre todo después de leer exacerbadas opiniones en su contra (como la de Stephen King). En mi parecer, estos adverbios han de ser usados como cualquier otra palabra, pero atendiendo a un cuidado ligeramente especial dadas dos cuestiones:

    1) Evitar esa extraña inconcreción que puede generarse, empleándolos en el momento y de la forma adecuados. Aun así diré el lenguaje siempre tendrá un margen inacotable de concreción así como de interpretación, por lo que creo que no es tan importante si en ocasiones desconocemos el grado de intensidad de un color o la duración de un lapso de tiempo que no quede bien definido por ese adverbio, pues el lector ya lo reinterpretará -a veces incluso por muy claro y conciso que seas- como se le cruce por el magín según su dicten sus esquemas cognitivos.

    2) Que la repetición muy cercana resulta cacofónica.

    Fuera de eso no hay que llevarse las manos a la cabeza. Tan solo hay que leer a los grandes autores para comprobar que los usan sin óbice ni vergüenza. Precisamente y al hilo de lo mencinado sobre ese autor (al que tampoco he leído), llegué a contarle entre tres y cinco por página (contando que una página tiene unas 350 palabras aprox), y a veces más, a Ernesto Sabato, por acercar un ejemplo de gran escritor.

    Yo, particularmente, hago un constante uso de tales adverbios, y en muchos casos, aunque no aporten nada de valor como el que he puesto al inicio de este párrafo, los incluyo por su sonoridad, ya que para mí cada palabra siempre está por un motivo y atiende a una cierta cadencia sonora y rítmica a demás de su significado. No obstante, siempre hago una revisión de “mentes” en cada texto y cuando veo varios muy cercanos, busco la forma de sustituir algunos para evitar ese maltrato autidivo cacofónico.

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