Skip to content

El sabio lector

“Es raro el escritor que sabe lo que ha escrito. Pasajes que supones claros no lo son. Un personaje que crees interesante aburre a la gente porque aún no has encontrado lo que lo hace interesante. Pero no lo sabrás hasta que alguien lo lea y te lo diga. Necesitas a alguien que lo lea hoy, ahora. Alguien comprometido con tu carrera. Necesitas un cónyuge o amigo muy cercano que sea brillante como crítico.

How to Write Science Fiction and Fantasy

"How to Write Science Fiction and Fantasy", de Orson Scott Card

La buena noticia es que puedes convertir a casi cualquier persona inteligente y comprometida en el Sabio Lector que necesitas. Pero lo primero es aprender que el Sabio Lector no te dice lo que tienes que hacer. Te dice lo que acabas de hacer. Querrás que tu cónyuge o amigo te explique en detalle cómo ha sido la experiencia de leer tu texto.

Para esta tarea, es mejor que tu Sabio Lector no haya estudiado literatura, así no dará diagnósticos (“la caracterización es vaga”) o, dios nos libre, consejos (“Tienes que acortar tanta descripción”). Al Sabio Lector no se le ocurrirá decirte cómo arreglar tu historia, sino tan sólo lo que se siente al leerla.

¿Cómo lo entrenas? Haciéndole preguntas:

¿Te has aburrido? ¿Has notado que te distraías? ¿Sabes decirme en qué punto fue? (Deja que se tome su tiempo, que repase el texto, que encuentre lugares en los que perdió el interés.)

¿Qué te ha parecido el personaje de Magwall? ¿Te ha gustado? ¿Lo has odiado? ¿Te acordabas de quién era? (Si odia a tu personaje por las razones correctas, vamos bien; si se olvidaba de su nombre de un capítulo al siguiente, vamos muy mal.)

¿Ha habido algo que no comprendieras? ¿Algún fragmento que hayas tenido que leer dos veces? ¿Algún momento poco claro? (Las respuestas te dirán dónde la exposición no está bien manejada, o dónde se vuelve confusa la acción.)

¿Ha habido algo que no te creyeras? ¿Has pensado “¡sí, venga ya!” en algún punto? (Esto te ayudará a cazar clichés o localizar lugares en los que necesitas profundizar en tu concepto del universo que estás contando.)

¿Qué crees que va a pasar a continuación? ¿Hay algo sobre lo que todavía te estés haciendo preguntas? (Si lo que ha leído es un fragmento, las respuestas te dirán qué líneas de tensión has logrado crear; si ha leído la historia completa, las respuestas te dirán qué líneas de tensión no has logrado resolver.)

No tendrás que seguir repitiendo estas preguntas durante mucho tiempo. Pronto tu Sabio Lector aprenderá a evaluar sus propios procesos internos conforme lee. Apreciará los momentos de confusión, de incredulidad, de aburrimiento, de cliché; pensará cómo le hacen sentir los personajes y te lo dirá.

Trata sus observaciones con respeto y agradecimiento, y siempre haz algo para resolver los problemas que descubráis. Al principio puede resultar duro, porque a veces pensarás que se equivoca. Pero no puede equivocarse, es imposible, porque el Sabio Lector te está informando de su experiencia al leer. ¿Cómo puede equivocarse sobre sus propias experiencias?

Descubrirás que una vez que intentas cambiar los aspectos problemáticos de tu historia, siempre la estarás mejorando.”

Extractos de How to Write Science Fiction and Fantasy de Orson Scott Card (págs. 121-123)

{ 4 comentarios }

  1. JorgeA | jueves 9 abril 2009 at 16:11 | Permalink

    Interesante. Pero no es tan fácil encontrar alguien así ¿no?

    Insisto en lo que dije antes, este tipo de opinión da por sentado que todos somos más o menos iguales, y no es tan así.

    Otra vez me pongo como ejemplo. Hay lecturas que me fascinan y sin embargo no absorbo el cien por cien del contenido. Por ejemplo, me devoré A sangre fría de Capote, y no logré mantener en mente los nombres de ambos reos.

    Charlando sobre el libro con mi hermana, a quien se lo recomendé, me nombró a uno de ellos. Le tuve que preguntar a cuál se refería, porque no lo ubicaba por su nombre. Pero eso no impidió que supiera todo de ellos y que el libro dejara de parecerme maravilloso.

    Es cierto que soy un tipo extraño, pero ¿seré el único en el mundo? ¿Habrá otros como yo?

    El caso de mi hermana, por ejemplo. Es una gran lectora. Lee desde muy chica. Pero a Isabel Allende, Mastreta, etc, y toda novelucha norteamericana que se le pase por delante. Si trato de hablar con ella de un cuento de Tolstoi me mira como si le hablara de extraterrestres.

    No me interesa casi nada de lo que ella lee, pero leí mucha literatura clásica rusa, norteamericana, española, latinoamericana, inglesa e irlandesa, etc. Fundamentalmente cuentos. No nos entendemos. Parece haber un abismo entre nosotros y es poco frecuente que hablemos de literatura.

    Me cuesta encontrar alguien con quien charlar sobre textos que pueda servirme de sabio lector, y supongo que a muchas otras personas que escriben podría pasarle algo parecido.

    Y tampoco creo que pase por ¨entendimiento¨. Aún una persona ignorante, si lo sentás y le lees un cuento de navidad de Dickens lo entenderá y se emocionará.

    Que se yo, te estoy fastidiando con mi yoyo.

    Jajajaja.

  2. Álex Hernández | domingo 12 abril 2009 at 12:12 | Permalink

    Creo que te has perdido lo más importante de toda esta historia, Jorge, y es que tu Sabio Lector debe ser alguien cercano a ti que te quiere lo suficiente como para preocuparse por tu carrera literaria. Si tú hubieras sido hermano de Capote y te hubiera pasado un borrador de “A Sangre Fría”, habrías podido decirle que tú personalmente no eras capaz de recordar los nombres de los reos. No creo que Capote hubiera cambiado los nombres, porque si no me equivoco eran dos nombres reales, pero quizá podría haberse inventado cualquier argucia para hacerlos más memorables, y quizá de esa manera el libro habría resultado aún un poco más maravilloso.
    (Quién sabe lo que el amante o el editor de Capote le dijeron en su momento que hizo el libro finalmente como es…)
    También dije hace tiempo, creo que alrededor de la sesión 2 cuando hablaba de algunos consejos de Stephen King (pero mi memoria es difusa y puedo equivocarme), que es aconsejable que nuestro lector tenga cierta afinidad por lo que escribimos. Si yo no soporto la novela histórica y no he leído una en mi vida porque me duermo en la página 3, y mi madre escribe una novela histórica y me la pasa, difícilmente tendré algo que decirle. Pero de eso habla Card: de encontrar a la persona apropiada. No se trata de discutir a Tolstoi. Se trata de que tu hermana lea tu texto y lo comente. Si su experiencia lectora está “iberoamericanizada” y tu texto no encaja en sus hábitos lectores, te lo dirá. Quizá con el tiempo llegue a conventirse en tu Sabia Lectora y quizá no. Es una búsqueda y un proceso.
    De todas formas, como todas las citas que cojo de aquí y de allí, es una opinión. Es fácil jugar a abogado del diablo y llevarle la contraria a todo el mundo, pero personalmente intento tirar por el camino de “¿qué parte de verdad puedo encontrar aquí?”. Suele resultar más enriquecedor ;-)

  3. JorgeA | lunes 13 abril 2009 at 01:56 | Permalink

    Si Alex, cierto. ¿Leíste un libro sobre creatividad llamado Seis sombresros para pensar, de Edward de bono? Cada sombrero, de un color determinado, equivale a una (cualidad/defecto).

    El sombrero negro, se identifica con el que ve todo lo negativo, y le da mayor importancia a eso.

    Es uno de mis tantos defectos. Me cuesta mucho sacarme el sombrero negro.

    Ciertamente, admito que este extracto y el anterior que subiste son muy buenos. algún día dejaré de perder tanto tiempo con la critica y empezaré a usar más el sombrero rojo.

    :-)

  4. JorgeA | lunes 13 abril 2009 at 01:57 | Permalink

    Perdón, quise decir el verde.

Enviar comentario

Tu email no será visible públicamente. Los campos marcados con * son imprescindibles.