Estoy escribiendo una historia (llamémosla así de momento) centrada en dos protagonistas antagónicos. Se narra todo en primera persona desde la perspectiva de cada uno, y me ha surgido una duda: uno de los personajes es muy pedante, ¿debe esto reflejarse en las partes narradas desde su punto de vista? O dicho de otra manera, ¿aunque el narrador sea en primera persona puede o debe distanciarse de la forma de hablar del personaje en el que se encarna para que, por ejemplo en este caso, la narración no se vea pesada por la forma de expresarse del personaje en cuestión? ¿Sería congruente hacerlo aunque narrador y personaje sean el mismo?
Lo que pretendes hacer no se puede hacer*. Un personaje:
no puede ser dos personajes
no puede tener dos formas distintas de expresarse
no puede suavizar su discurso sólo para caerle bien al lector
Ahora bien, un personaje:
puede querer aparentar ser más duro de lo que en realidad es
puede caerle mal a otros narradores, que le describirán peor de lo que es
puede tener doble personalidad
puede evolucionar de insoportable a querible gracias a sus experiencias durante la historia
puede fingir simpatía si está contando su versión de los hechos a alguien cuyo favor desea conseguir (lector explícito)
no tiene por qué caerle bien al lector (véase Lolita)
O dicho de otra forma: *lo que pretendes hacer no se puede hacer… sin justificación dentro de la historia.
Ya llevamos tiempo de reformas, habiendo importado el Taller Literario a este blog entre otras cosas, y hoy ha habido varias modificaciones pequeñitas. Por un lado he arreglado un error de los plugins de WordPress que llenaba las páginas en inglés de líneas en blanco. Ahora deberían verse correctamente. Ha habido otras pequeñas modificaciones técnicas aquí y allá, si algo ha dejado de funcionar (o si se os ocurren ideas mejorables), por favor informadme a través del formulario de contacto (que por cierto también ha sido renovado).
Por otro lado, estoy haciendo experimentos para sacar extractos de videos y usarlos como ejemplos en el taller. Acabo de actualizar las recientes entradas sobre Alan Moore y David Lynch con sendos videos de las citas que utilicé. Decidme si os gusta esta idea y si os gustaría ver más videos en el futuro, o si os dan igual o creéis que aportan poco
Para terminar, la incorporación más grande de la semana es un pequeño regalito que espero que os divierta. Os cuento: durante un par de años fui el traductor oficial de español de la tira cómica Dork Tower, centrada en las aficiones frikis en general (o geek, como está de moda llamarnos ahora) y en el mundo rolero en particular. He recuperado todas y cada una de aquellas tiras y las he recopilado en la nueva sección Dork Tower. Espero que os diviertan.
Ya he hablado alguna que otra vez de Scriptshadow, así que no presentaré al amigo Carson Reeves por enésima vez. Este lunes revisó el guión de Vanishing On 7th Street, un largometraje de terror cuyo trailer ya está disponible:
Como veis, prácticamente toda persona viviente desaparece repentinamente (criticadme esos adverbios, por favor), con pocas excepciones: los protagonistas. Además, algo raro ocurre con la oscuridad, porque se dice que cada cual sólo puede confiar en la luz que porte él mismo. Claustrofobia pura, vamos. Un concepto potente.
Carson comienza su crítica preguntándose: ¿demasiado potente?
El guión arranca con fuerza pero, como tantos de su estilo, se ve devorado por su propia ambición. El concepto super-elevado de su premisa nos atrae como basura fresca a una famila de mapaches. La pregunta es, ¿es la premisa demasiado sofisticada? «¿Qué, cómo?», preguntas, «¿cómo es posible tal cosa?». Una premisa es demasiado sofisticada cuando, hagas lo que hagas con la historia, nunca va a ser tan interesante como el concepto. En otras palabras, quien mucho abarca poco aprieta. Y desafortunadamente eso es lo que pasa con Vanishing.
Esto merece que no paremos a pensar. Precisamente anoche estaba hablando de esto. Acabo de terminar de leer 1984 y mi compañero anda leyendo Un mundo feliz. Estos dos clasicazos adolecen del mismo defecto indiscutible: una vez agotada la premisa principal, la trama se va desinflando por momentos.
En televisión lo hemos visto también, hace pocos años con The 4400 (cuatro mil cuatrocientas personas desaparecidas en las últimas décadas reaparecen simultáneamente sin recuerdo alguno y sin haber envejecido un día) y más recientemente con la fallida Flashforward (en el mismo instante, toda la población mundial sufre un desmayo durante el que sueñan una escena de su futuro justo seis meses después).
Por supuesto el concepto es lo bastante potente como para atrapar la imaginación del lector (o del espectador, que paga su entrada de cine o se sienta frente a la tele cada semana deseando asistir al espectáculo), pero ¿no es una pena que, por culpa de haber empezado con el clímax, el final nos deje sabor a decepción?
Si la premisa que pone la historia en marcha es lo mejor del guión, entonces sólo tienes 1/4 de guión. ¿Qué pasaría si los alienígenas invadieran la tierra mañana? Guay, gran concepto. ¿Pero luego qué? ¿Cómo mantienes el interés durante los 100 minutos siguientes? Si quieres ver lo mal que se puede llegar a hacer, alquila Independence Day. Asegúrate de alquilar también una pistola, porque hacia la mitad querrás pegarte un tiro. Creo que la clave para estas historias de gran concepto es asegurarse de que tienes preparada una historia personal que contar una vez que has enganchado a tu público.
En efecto, la gran pregunta es: ¿cómo se evita este problema? ¿Con personajes interesantes? ¿Con tramas sólidas? ¡Pues claro! ¿No deberían esos elementos estar presentes en cualquier historia? Sí, pero es que nos lo hemos puesto muy difícil a nosotros mismos, ¿qué hacemos para que nuestro final esté a la altura de nuestro principio? Pues buscar un elemento igual de potente. Perdidos puede haber decepcionado a muchos con su final, pero durante seis temporadas consiguió reinventarse a sí misma con personajes interesantes, nuevas situaciones y esquemas narrativos de la más diversa índole. Blindness dio un giro inesperado al deshacer una tragedia mundial y concluir con una tragedia personal. ¡Magistral!
Aquí va un ejercicio muy potente: ¿cómo salvarías tú Vanishing on 7th Street de caer en esta trampa? ¿Cómo mejorarías un clásico de la talla de 1984? ¿Cómo conseguirías sacar a las premisas citadas mas partido que los títulos que las idearon? O para presentar otra próxima novedad, ¿qué harías tú con la premisa de Skyline?
Scriptwriting Tips ofrece diariamente un consejo de sólo un par de líneas, directo y al grano (no como yo, que siempre me enrollo lo indecible).
Los consejos están orientados a guionistas. En muchos casos, el autor (que es un poco borde) se limita a señalar un cliché que considera demasiado repetido. La mitad de las veces los consejos son muy discutibles. Pero a menudo se ofrecen ideas aplicables a cualquier formato, y de vez en cuando se cuela una joya memorable que merece la pena citar aunque sea por su concisión.
Os dejo con una selección de los mejores consejos del último par de semanas.
Escribir bien es lograr que tus personajes hagan cosas inesperadas que cuadran perfectamente con lo que sabemos sobre ellos.
Todas las escenas deben afectar de alguna manera al protagonista, directa o indirectamente. De lo contrario, la escena es inútil. No importa si es el momento más gracioso, terrorífico o interesante del guión: hay que quitarlo.
Si en sus momentos más bajos (Nota: final del segundo acto) tus personajes no se están diciendo los unos a los otros las cosas más terribles, de las que te parten el alma… entonces lo estás haciendo mal.
No hace falta que empieces in media res, pero ¿podrías hacernos a todos un favor y saltarte la parte aburrida?
Para los que no sepan inglés, seguiré trayendo al blog alguna selección de sus consejos conforme se vayan publicando.
Tenía preparado otro asunto para hoy, pero la actualidad manda. Anoche me fui triste a la cama tras leer la noticia del fallecimiento de Satoshi Kon. Curiosamente, su aparición en el taller esta semana hilvana muy bien con las de Alan Moore y David Lynch (a menudo se le compara con este último), aunque en este caso los motivos sean tan tristes. Nos lo ha arrebatado un cáncer de páncreas cuando sólo contaba 46 años de edad.
Los fans del anime conocerán sin duda sus obras, que abarcan el guión de «Magnetic Rose» (el primer fragmento de la conocida Memories) así como los largometrajes Perfect Blue, Millennium Actress, Tokyo Godfathers y Paprika, cada uno de ellos una obra maestra. Para redondear, creó también la serie «Paranoia Agent«, de la que hace años escribí una crítica totalmente positiva y que sigue siendo seguramente mi serie de animación favorita.
Como en tanta ficción japonesa, sus obras no estaban tan orientadas a contar una historia como a generar emociones, pero Kon fue un maestro en llevar ambas tareas varios pasos más allá, con premisas sencillas y desarrollos tremendamente originales. La frase más repetida del día es una gran verdad:
No es que sin Satoshi Kon el anime nunca vaya a ser lo mismo. Es que ahora seguramente siempre será lo mismo.
Tuve el placer de asistir a la rueda de prensa en la que presentó Paprika en Sitges 2006, donde anunció que esa sería su última película sobre el subconsciente y que a continuación abriría un nuevo ciclo en su carrera. Por desgracia nunca sabremos lo que su genial cabeza habría llegado a idear. Como mucho, llegaremos a ver terminada la película en la que trabajaba actualmente, The Dream Machine (en la imagen), protagonizada exclusivamente por robots y orientada al parecer al público infantil.
Hoy más que nunca, os invito a que sigais los enlaces y os hagais con alguna de sus obras, que seguro os van a sorprender.
El interés que despertó en mí The Landscape of Alan Moore, de la que os hablaba ayer, me ha animado a lanzarme de cabeza a ver este documental sobre otro de nuestros escasos genios locos, el siempre original David Lynch.
Lynch (One) documenta un par de años de trabajo de Lynch (2005-2006) y asiste a la grabación de algunos videos para sus afiliados de DavidLynch.com, la creación de algunas de sus obras pictóricas y momentos del rodaje de su más reciente largomentraje hasta la fecha, Inland Empire. Por desgracia, la selección de instantes principalmente intranscendentes nos dice muy poco del personaje o de su fuerza creativa.
Olvídate de ser el mejor en nada. Ese es el fruto de la acción, pero tú haces el trabajo (por así decir) por la acción, no por el fruto. Nunca puedes saber cómo lo va a recibir el mundo, pero puedes saber si disfrutas haciéndolo. Entonces las ideas comienzan a fluir y empiezas a entusiasmarte por esta y aquella. Te lo pasas bien trabajando, y de eso se trata. Si no disfrutas la acción, entonces haz otra cosa.
Lynch alaba las virtudes de la meditación, como ya hizo en su libro Atrapa el pez dorado (del que os hablaré otro día), e invita a los artistas a practicarla para, según sus palabras, alcanzar un estado de creatividad pura. También desmiente la idea de que haya que sufrir para crear, y defiende que el artista será más creativo cuanto más feliz. Más allá de estas aseveraciones, el aprendiz de genio (o incluso el fan de Lynch) tiene poco que sacar de este aburrido documental.
Ayer vi al fin el documental «The Mindscape of Alan Moore«. En pocas palabras, el film recoge declaraciones exclusivas del genial escritor aderezadas con imágenes psicodélicas.
No sabía qué esperarme de este trabajo, y aún después de verlo no sé muy bien lo que pensar de él. Las imágenes son en su mayor parte irrelevantes, decorando más que ilustrando las palabras del autor. El mismo contenido se podría haber traducido quizá más fielmente como un podcast o una entrevista radiofónica, pero imagino que el público potencial, fan de Alan Moore y por tanto lector de cómics, agradecerá el componente audiovisual.
Los contenidos tocan brevemente puntos muy diversos. Moore se presenta con una breve semblanza autobiográfica, continúa con un repaso de la evolución de sus trabajos y concluye con el auténtico núcleo del documental, su filosofía sobre nuestra sociedad y nuestra cultura, tocando temas como el arte o la religión. Quizá el mayor defecto del documental es que abarca tantos temas trascendentes en tan poco tiempo que todos ellos carecen de profundidad. Aunque al menos he podido comprender al fin a qué se refiere Moore cuando se autodenomina «mago», si bien dejaré esa explicación para quienes quieran ver el video.
Quien busque en «The Mindscape…» un análisis de sus obras o sus métodos de trabajo se sentirá decepcionado, ya que son asuntos que se tocan sólo superficialmente. Pese a todo, me descubrí tomando notas y copiando citas para su futuro uso en el taller.
En cambio, quien admire las ideas que Moore explora en sus trabajos, encontrará muchos temas en los que pararse a pensar. Personalmente, y aunque recientemente criticaba a los «profetas» de nuestra era, Moore me ha parecido una mente preclara con una visión única del mundo en que vivimos. «The Mindscape…» quizá no me ha abierto el apetito tanto por escribir como por aprender… lo cual siempre es bueno para cualquier escritor.
No es tarea del artista darle al público lo que quiere. Si el público supiera lo que necesita, entonces no sería público: serían artistas. La tarea del artista es darle al público lo que necesita.