Sebas Martín (3) Hacer carrera

(viene de aquí)

¿Qué tal te va a ti con el cómic? ¿Te da para vivir? ¿A qué te dedicabas antes de hacer cómics?

¡¡UFFF!! Eso casi sería escribir mis memorias. He hecho de todo… radio, trabajé 15 años como perspectivista de interiorismo, he servido copas y hasta cosas que no se pueden decir en horario protegido. (risas) Actualmente combino el trabajo de cómic puro y duro con el de profesor de guión de cómic y, esporádicamente, guionista o documentalista para TV.

La crisis ha afectado mucho al mundo de la cultura y el entretenimiento. Al no ser un artículo de primera necesidad, hemos sido los primeros en caer. Pero yo no me puedo quejar. Sigo haciendo cosas que tienen que ver con escribir y la creatividad.

Sobre la enseñanza hablaremos en un instante, pero antes hay algo que seguro interesa a los participantes de nuestro taller. ¿Cómo llegaste a ser publicado? Y casi más importante, ¿cómo consigue uno ser publicado de nuevo?

Empecé haciendo cómic erótico hetero durante la transición (ya estaba vivo entonces). Era algo muy de consumo, de una calidad infame, y buscaban a gente rápida y con buenas ideas. Los profesionales de entonces no se querían ensuciar las manos con trabajos como esos. Con ellos publiqué mis primeros comic-books.

Luego pasaron años de colaboraciones esporádicas, pero continuas. Yo me paseaba con la carpeta por las editoriales como un mendigo, pidiendo trabajo, pero nada. Nadie confiaba en un dibujante novel, en un momento en que las revistas empezaban a desaparecer del mapa. Y mi curriculum en el erotismo-basura no ayudaba. Algunos editores eran un tanto snobs. Ahora yo reivindico mis inicios con la cabeza bien alta.

Fue con Ediciones La Tempestad que empecé a publicar mis primeros trabajos largos y de temática gay (que no eróticos). El editor, Josep Maria Orteu, quería componer una antología con diversos dibujantes gay, que hicieran cada uno una historia sobre su visión de una parte de la vida gay. Yo quería coger el tema de vivir con SIDA. Había perdido a muchos amigos a causa de la pandemia y conocía bien el terreno, pero llegué tarde al proyecto y me quedé con el tema de ligar a lo loco pero quejarse de que no tienes novios. Así escribí y dibujé “Cazadores”, la primera historia donde apareció Salvador, mi personaje fetiche. La cosa funcionó y luego vino “Historias de Sitges” donde ya sólo nos partimos el pastel Guillém Medina y yo. Aún me sigue gustando la historia que hice, “Machos al sol”.

Luego, curiosamente, ya no llamé a ninguna puerta. Fueron los editores los que me llamaron, primero para «Vacaciones en Ibiza», con Laurent Schimell en el guión, y más tarde La Cúpula, con los que me he afianzado en el mercado y con los que he publicado mi trilogía más importante, “Estoy en ello”, “Aún estoy en ello” y “Los chulos pasan pero las hermanas quedan”, y con quienes voy a publicar “Ideas de bombero”, mi última novela gráfica.

Hoy ya sólo trabajas en temática gay, ¿me equivoco? ¿Es sano encontrar tu nicho?

Si, mira, hace años una amiga me preguntó qué sabía hacer que no hicieran los demás. La verdad es que hay muchos autores de cómic, pero en mi género tengo realmente muy poca competencia.

¿Y eso no te limita? ¿Se hace con convicción, o porque ya los editores no te piden otra cosa?

Soy yo quien he elegido esta temática. Es verdad que el target es más reducido, pero también es muy fiel. Y además, si yo soy gay, es normal que mis protagonistas en su mayoría lo sean. En mis cómics aparecen muchos heteros y no como una rareza. Es triste que al resto de cómics, por relacionarse los hombres con mujeres, no se les llame cómics de temática “hetero”. Y a mí, porque hago aventuras o comedia de costumbres donde el protagonista se relaciona afectivamente con otros hombres, se me coloca la etiqueta. Pero es lo que hay.

Es verdad que te puede limitar, ante lectores pacatos. Pero también la etiqueta de gay hace que se acerquen a leerte muchos gays que no hubieran cogido entre sus manos un cómic jamás.

(continúa)

Sebas Martín (2) Reparto de tareas

(viene de aquí)

En el taller a veces critico que todo el mundo que sabe mover una cámara o coger un lápiz, se cree que sabe también escribir. El guión se infravalora mucho. Ese reparto del 70% dibujo, 30% guión me parece muy desequilibrado.

Es natural. El trabajo creativo del guionista es muy importante, pero se puede hacer una página de guión en 10 minutos si ya tienes la estructura clara, mientras que dibujarla te puede llevar un día o más.

Una página de guión se tarda 10 minutos en escribir físicamente pero ¿todo el proceso mental que hay detrás no cuenta? ¿No es un poco falacia decir que el guionista hace menos trabajo?

¡¡Lo es!! Para mí, aunque tarde más, dibujar una historia es mucho más fácil. Es sólo ponerme en la mesa y dedicarle horas. Lo que cuesta es crear esa historia. Pensar en el tema, la estructura, el nudo, el desenlace, dividirla en secuencias, escenas, viñetas, dialogarla. Ese es el verdadero mérito de que una novela gráfica funcione o no. Una historia mala con un dibujante excelente se venderá, pero sólo la primera, por el mérito del dibujante. Si las historias siguen siendo malas, ningún lector se interesará por ellas. En cambio, una buena historia con un dibujante simplemente correcto puede enganchar al lector entrega tras entrega.

Y estos guionistas que no dibujan, ¿cómo lo tienen para encontrar dibujantes que no estén ya ocupados escribiendo sus propias historias?

Hay dibujantes que lo intentan y más valdría que lo dejaran. Aquí no diré nombres, que no es cuestión de crearse enemigos [risas]. Pero también hay muchísimos dibujantes que no guionizan. De hecho, la mayoría. ¿Conoces la revista “Claro Que Sí”?

Sí, leí algunos números. Eran muy irregulares, pero había piezas interesantes.

Seguro que las mejores eran las de tándem guionista-dibujante.

¡Seguramente! [risas]

En la revista tenía a dibujantes INCREÍBLES que no hacían nada de guión, como Hokane o Tony Saldaña. Yo adoro el trabajo de Moebius o de Juan Giménez, por ejemplo, pero me encanta cuando dibujan los guiones de Jodorowsky.

Entre los cazatalentos cinematográficos existe una tendencia a pensar que el guionista-director va a crear obras más interesantes, más «de autor» que si esos roles los cubren dos personas distintas. Personalmente pienso que si ambos creen en la historia (si no son trabajos de encargo), es mejor que sean dos personas distintas que sepan hacer bien cada uno lo suyo. ¿Pasa algo así en el mercado editorial?

Si, es verdad lo del trabajo de autor. Pero hay tándems que funcionan muy bien y también es trabajo de autor… de autores, mejor dicho. Suelen ser guionistas y dibujantes que trabajan muy unidos, a quienes interesan las mismas cosas e historias. Los trabajos de encargo son otra cosa. Ahí interviene más la artesanía que la autoría. Pero la novela gráfica no trata de superhéroes, ni mundos suspendidos en gravedades cero o cosas de más consumo. Suelen ser más personales. Aquí, que la historia te salga de las tripas es muy importante.

(continúa)

Entrevista a Sebas Martín (1)

Estrenamos un nuevo recurso del taller, las entrevistas. Y lo hacemos charlando con Sebas Martín, guionista y dibujante de cómics. Entre sus trabajos destacan «Historias de Sitges», «Kamasutra gay» y la trilogía formada por «Estoy en ello«, «Aún estoy en ello» y «Los chulos pasan«. Ediciones La Cúpula publica este mes de octubre su última novela gráfica «Ideas de Bombero».

Sebas se prestó a compartir con nosotros sus conocimientos sobre guión, y la entrevista es tan extensa y jugosa que nos va a dar material para toda la semana. ¡Empezamos!

Álex Hernández: Antes de entrar en materia, aclaremos términos. «Algún Relaciones Públicas ha decidido que ahora los comics se tienen que llamar novela gráfica», Alan Moore dixit. ¿A ti qué término te gusta más?
Sebas Martín: Hay un gran desconocimiento del lenguaje del cómic y sus formatos. La novela gráfica es un formato concreto, de entre 100 y 200 páginas, que suele ser en blanco y negro, de tamaño parecido a un libro o una novela grande. Lo que vemos por las librerías, a color, tamaño superior a DIN A4, portada dura, a todo color y entre 40 y 60 páginas es un álbum de cómics. Pero parece que ahora el termino novela gráfica es más cool, más intelectual, como que dignifica más al medio.

Sí, parece que por llamarle «novela» se transforme de repente en «literatura».
Yo hago cómic en general, pero el formato en el que me expreso y defiendo mejor el la novela gráfica.

Sueles crear tanto el guión como los dibujos. ¿Cómo organizas el trabajo?
Me gusta viñetar mis propias historias, pero no dibujo nada hasta no haber acabado el guión de la novela gráfica COMPLETAMENTE.

¿No haces a veces sólo una mitad del proceso?
Sí, también hago guiones para otros dibujantes. Pero no dibujo cosas que no haya guionizado yo. Lo hice un par de veces y no me acabó de convencer la experiencia.

¿Qué problema tuviste?
Me costaba darle alma e imagen a personajes y situaciones que no eran mías. Para mí, como autor, el cómic es algo muy personal. Como lector es otra cosa, soy más omnívoro. Pero me costaba identificarme durante más de 50 páginas con una historia y una forma de ver las cosas que no eran las mías. Creo que no soy un dibujante que escribe sino un escritor que dibuja.

¿Y qué pasa si eres un escritor que no dibuja, pero quieres hacer cómics? ¿Hay mercado en España para la figura del guionista?
Bueno, si no tienes intención de ganarte la vida sólo con ello, adelante. De hecho, el problema de más del 70% de los dibujantes de cómics es que tienen muy verde la parte del guión. Tener un guionista a su lado les puede salvar la papeleta. De hecho, tenemos a excelentes guionistas que no saben dibujar una línea (Raulé, Josep Maria Polls, Xavier Domenech, Tony Guiral…). Pero a la hora de repartir ganancias, es ruinoso.

¿Ruinoso por qué? ¿Cómo son los repartos habitualmente?
Se gana poquísimo. Nadie vive del cómic en España si sólo publica aquí. Piensa además que el guionista, en el mejor de los casos (y eso es poco corriente) se lleva un máximo del 40%. Lo normal es 70 dibujante, 30 guionista.

Y eso si no hay colorista u otros, ¿no?
Y tanto. Si añadimos color o en el caso de las “majors” americanas que uno hace los lápices, otro entinta, otro colorea, otro rotula… imagínate. Aquí eso suena a ciencia ficción.

(continúa)

¡Acaba ya!

Recuerdo que no hace tanto debatíamos (aunque no he sido capaz de encontrar dónde, ¿alguien me ayuda?) la conveniencia de tener todo el tiempo del mundo para escribir, o de verse atado a un contrato editorial que te compromete a poner manos a la obra e ir sacando material fuera. La mayoría de los participantes estaban de acuerdo en que el autor debería tomarse todo el tiempo que necesite para acabar su obra.

Sin embargo, también estábamos todos de acuerdo poco después, al decidir que no merece la pena estar corrigiendo un texto hasta el infinito.

Daniel Sada, Premio Herralde 2008, lo confirma:

Me regocija mucho estar corrigiendo. Si no me quitan el texto de la mano lo corregiré al infinito.

Lo cuenta en esta entrevista, donde también nos confirma los postulados que discutíamos hace un par de semanas sobre las bases de la prosa de Frank McCourt:

Yo no me guío por los temas; los temas no hacen literatura. Puedo generar la mejor historia del mundo, pero si no tengo definido el punto de vista, no resulta nada bueno.

Así que ahí tenéis otra de las ventajas de tener un editor que te arranque el manuscrito de las manos: te da la libertad de empezar el siguiente.

Busca los errores

Ayer comentábamos el uso de palabras poco comunes, y anuncié que los ejemplos propuestos contenían varios errores. ¿Tú cuántos has visto?

Algunos de ellos son estilísticos y por tanto discutibles. Por ejemplo, yo evitaría escribir:

  • «vientos suaves» cuando puedo decir «brisa» (literalmente «Viento suave» según la RAE); o
  • «fina llovizna» porque la llovizna por definición es fina de por sí.

Pero otros errores son gramaticales y no tienen excusa. ¿Los has encontrado? Yo he visto los siguientes:

  • «Atomizarse«: el verbo «atomizar» es transitivo y carece de forma reflexiva. Ejemplo: «Con su rayo desintegrador, el alienígena atomizó al teniente.»
  • «Exultaba mis sentidos«: «exultar» no significa excitar sino «Mostrar alegría, gozo o satisfacción». Su uso por tanto es intransitivo. Ejemplo: «Con su regalo de cumpleaños, Mario exultaba.»
Ella también exulta

Sentíos libres de utilizar el vocabulario que conozcáis. ¡Pero conocedlo! No escribáis de oídas. El diccionario es vuestro amigo.

Corrigiendo errores

Hace unos minutos se ha publicado por error una entrada que no debería aparecer aún, ya que es la última de una serie que se publicará la próxima semana. Pido disculpas a los que se lo hayan encontrado en su lector de feeds y os emplazo a leer la entrevista completa a partir del lunes.

Otro error se venía produciendo al enviar el formulario de contacto, pero ya debería estar reparado. Disculpad estos pequeños errorcillos.

Vocablos ignotos

Al amigo Gastón Maillard le respondí privadamente una consulta la semana pasada y se ve que se ha aficionado, porque esta semana ataca con otra:

Mi pregunta es relativa al uso de palabras poco usuales en nuestro actuar cotidiano. Según dicen, una persona común no usa más de 300 vocablos.  ¿Qué pasa entonces con el lenguaje a utilizar?  Las personas adictas a la lectura comprenden y disfrutan del uso de la musicalidad de ciertas palabras y de su calce perfecto para realzar una frase.

Por ejemplo invoco los siguientes trozos de literatura.

«… siendo continuamente refrescado por la fina llovizna proveniente del agua salina al golpear contra las rocas y atomizarse en millones de partículas que transportadas por vientos suaves venidos desde lejanos e ignotos lugares del océano…»

«Mi labor fue bastante ardua para desaflojar las tuercas, centrar las ruedas y nuevamente asegurarlas con firmeza contra los pernos, quedando unas puntitas de los mismos sobresaliendo tímidamente, lo que exultaba mis sentidos.»

Y así por el estilo. ¿Qué te parece a ti?

La pregunta, amigo Gastón, está mal planteada. La cuestión no debería ser si usar palabras poco comunes o no, sino cuándo usarlas y por qué.

En el primer ejemplo, la palabra «ignoto» me parece mucho más común, en un contexto literario, que «atomizarse». Términos como este, «salina» o «partículas» tienen connotacions científicas que rompen el aire poético que la frase intenta conseguir con otros vocablos que apelan a la naturaleza («agua», «rocas», «vientos», «océano»). Y conste que he dicho frase donde debería haber dicho fragmento, porque semejante oruga verbal ni siquiera es una oración completa. Adivino que, sea lo que sea lo que el autor estaba intentando decir, el lector se ha perdido por el camino debido al exceso de paráfrasis y sobreadjetivación. Hemos empezado hablando de alguien (supongo, por lo de «refrescado») y en los puntos suspensivos todavía no ha terminado de hablar de las partículas.

No suelo contraatacar con mi propia redacción de textos ajenos pero en este caso lo voy a hacer. Yo habría escrito algo parecido a esto:

Las olas al romper refrescaban su rostro. La brisa portaba un aroma a especias de tierras lejanas.

¿Por qué he elegido palabras sencillas? Porque creo que reflejan mejor las sensaciones sencillas que se describen. Imagino que casi todo el mundo ha estado alguna vez delante del mar sintiendo el salpicar del oleaje, lo que hace innecesarias las descripciones detalladas. Al contrario, basta con evocar ese  momento para que el lector pueda rescatar sus propias sensaciones. Y atención, porque no sólo he elegido un vocabulario sencillo: también lo he estructurado en una sintaxis sencilla. La elección puede ser discutible, pero al menos es consistente.

De manera similar, el segundo ejemplo describe muy bien un trabajo técnico, para luego romper esa imagen de dedicación y profesionalidad al usar las palabras «exultar» y «sentidos», mucho más sensuales.

La elección de vocabulario es una cuestión de coherencia.

Pero más importante aún es utilizar las palabras con propiedad. ¿Qué errores hay en los dos ejemplos propuestos? Os doy de tiempo hasta mañana para responder.