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Bloque de podcasts sobre “estilo”

Si alguien pensaba que me había muerto, le atizo en la cara con una nueva sesión del podcast.
Comenzamos un nuevo bloque dedicado a un tema tan amplio como peliagudo: el estilo.

Todo lo que diga a partir de ahora será discutible y podrá ser utilizado en mi contra.

Nuestra historia no debe servir de escaparate para nuestro dominio de la lengua.
Al contrario, cada palabra debe estar al servicio de la historia.

Puedes escuchar la sesión y leer más información aquí.

{ 17 comentarios }

  1. Jesus (mac66) | viernes 4 febrero 2011 at 18:40 | Permalink

    Pues mira, muerto no, pero un poco preocupado sí que me tenías. Me alegro de verte por aquí, me reservo la escucha del podcast para el viaje de metro de mañana, camino del trabajo.
    Bienvenido de regreso.

    Un abrazo.

  2. Álex Hernández | viernes 4 febrero 2011 at 19:18 | Permalink

    ¿No conoces el dicho? ¡Bicho malo nunca muere! ;D

  3. Jesus (mac66) | lunes 7 febrero 2011 at 19:55 | Permalink

    Te has metido en un buen lío con lo del estilo y has salido airoso. te ha quedado claro y conciso y en este tema no es sencillo. Te aconsejo un libro que ya he citado en alguna ocasión, “La práctica del relato” de Ángel Zapata, en Ediciones Fuentetaja. No tiene desperdicio.

    Muy buen podcast, gracias.

  4. Raul Buñuel | martes 8 febrero 2011 at 12:38 | Permalink

    Voy por la segunda escucha del podcast. En general estoy de acuerdo contigo. Pero cómo distinguir entre cuando estás siendo rimbombante y excesivo, y cuando estás, simplemente, enriqueciendo de matices tu descripción. Por ejemplo, es más directo y limpio escribir “dice Lozoya, sonriendo” que “Dice Lozoya, con su sonrisa de potestad celestial, blanda y buena”. Esta última frase, no solo nos habla de su acción en este momento, sino que, además, no deja entrever su personalidad. Es más profunda y rica, vamos.
    (La frase no es mía, eh! ;))

  5. Álex Hernández | martes 8 febrero 2011 at 12:47 | Permalink

    Gracias, Jesús, es un alivio, porque la verdad es que el tema es delicadito. ¡Tanto, que es de los que más consultas genera!

    Del ejemplo de Raúl me quedo con la primera versión. No creo que un diálogo sea el momento de darnos no ya uno, sino tres adjetivos, y no sobre su frase ni sobre su sonrisa, sino sobre su potestad. Es apartarse del asunto, y el asunto es lo que dijo. Seguramente hay momentos mejores para dar la otra información. Y también formas mejores, principalmente: dejar que sus acciones hablen por sí mismas sobre la presunta bondad de Lozoya.

  6. Raul Buñuel | martes 8 febrero 2011 at 14:01 | Permalink

    Fijaros, casualidades de la vida, estos días estoy con “Leyenda de Cesar Visionario” de Umbral. A veces te cuela, no uno ni dos, sino hasta tres adjetivos. No solo en esta frase, en toda la novela. Uno detrás del otro. Sin despeinarse, el tío. Y es verdad que, aunque al hombre le quede la mar de bien (porque no los elige nada mal), te corta un poco el rollo. A veces, que me perdonen los dioses de la literatura, es un tostón. También es verdad que otras te deja temblando de lo bien que escribe. Pero supongo que esto es un caso aparte. Que, con ciertos autores, no es tan importante la acción en sí, sino el cómo lo narran. ¿A lo mejor Umbral a hecho de sobre-adjetivar su sello de identidad? ¿Qué pensáis?

  7. Jesus (mac66) | martes 8 febrero 2011 at 19:42 | Permalink

    Creo que para aclararnos, valdría lo que me dijo en una ocasión mi profesora de piano: cuando intentaba tocar las partituras dándole a la canción mi propio aire me echaba la bronca; me decía que para tocar una pieza a mi aire el primer paso es saber tocarla a la perfección como está escrita.
    Aplicado a nuestro caso, yo creo que todos los consejos que nos da Alex son, podríamos decir, un acuerdo de mínimos. Si aprendemos a escribir con sencillez, con claridad, con naturalidad, estaremos preparados para transgredir todas las normas que nos dé la gana en lugar de lo contrario, ser unos transgresores incultos que han de estar todo el día desbrozando su prosa.

    Saludos para todos.

  8. Raul Buñuel | miércoles 9 febrero 2011 at 14:09 | Permalink

    Permitidme que me haga pesado e insista un poco. Pero es que el tema me interesa, y estoy dandole vueltas. Y he de decir que tengo el corazón “partio”… No sé cómo encajo que me guste el estilo directo de Hemingway o Palahniuk, que deteste leer un texto y tener la sensación de que, como dice Don Alejandro, es solo un escaparate para el lucimiento personal del autor (que rabia da eso…); y que, a la vez, me encante el estilo de, por ejemplo, Cela. Cuya prosa es todo menos limpia y directa. Como no tengas cerca la aplicación de la RAE para el iphone, no te enteras de la misa la mitad.
    Otra cosilla que he estado rumiando, ¿es posible que este estilo limpio y directo sea una influencia de la literatura anglosajona? Tal vez a la literatura en castellano no le caiga tan mal un cierto grado de floritura, cuando se hace bien. Yo qué se…

  9. Álex Hernández | miércoles 9 febrero 2011 at 14:34 | Permalink

    El inglés también admite florituras, que se lo pregunten a Shakespeare. Pero Raul, yo creo que te estás respondiendo a ti mismo. Cada autor tiene su estilo. Yo no puedo escribir como Shakespeare ni como Cela ni como Palahniuk. Escribiré, si es que escribo, como Álex Hernández, para bien o para mal.

    Cuando predico la sencillez no es para prohibir los adjetivos, sino para que cada cual escriba como le resulte más natural.

  10. Elmer Escoto | miércoles 9 febrero 2011 at 19:09 | Permalink

    Un saludo, Alex. Gracias por esta nueva entrega. Ya la estoy descargando y en cuanto tenga un tiempo disponible la pasare al telefono para poderla escuchar.
    ¡Gracias nuevamente!

    Elmer

  11. Lightray | jueves 10 febrero 2011 at 10:30 | Permalink

    Buenas Alex. Un placer leerte de nuevo. Voy a descargar el podcast y otro día comento algo por aqui.
    Gracias y Saludos!

  12. Lightray | viernes 11 febrero 2011 at 09:57 | Permalink

    Ayer descargué el podcast y lo escuché, de pasada, mientras trabajaba en la oficina.
    En mi primer lugar quiero decir que me ha encantado la sesión, sin desmerecer todas las anteriores, y es porque me apasiona la gramática y todo lo que se refiere al estilo. Estoy de acuerdo con Alex en lo que dice de la sencillez. Me he sentido identificado durante el podcast y en algunos momentos me ha parecido que se hablaba de mi, je je.
    Cuando comencé a escribir, yo estaba obsesionado con las figuras retóricas, la poesía e intentaba adornar cada parrafo que escribía, sin acierto en el 90 por ciento de las veces, convirtiéndolo en un tostonazo. En ocasiones me preguntaba: ¿Por qué cuando releo un artículo de opinión que he colgado en un blog, lo encuentro fluido y natural y cuando reviso alguno de mis relatos, la impresión no es la misma?
    Esto que digo me recuerda algo que lei en un manual de escritura y que venía a decir: Algunas personas cuando escriben una carta a un amigo lo hacen de maravilla, con una escritura limpia y fluida, pero si tienen que escribir un relato o realizar un ejercicio de escritura creativa, se atrancan y no dan pie con bola. ¿Curioso, verdad? Pues algo así me pasaba a mí.
    En cuanto al estilo, pienso igual que Alex, no podemos escribir como los demás, tenemos que encontrar nuestro propio estilo sin forzar la escritura. Y para gustos los colores. Como se dice en este podcast, hasta los autores de renombre tienen sus detractores.
    También hay que decir que si tu prosa es muy poética, corres el riesgo de resultar pedante. Es muy fácil traspasar la barrera. Hay escritores como García Márquez que nunca la traspasan, pero nosotros no somos García Márquez.
    Os dejo el principio de un cuento de Félix Palma, en el que se describe un cuarto de baño. A ver que os parece el estilo.
    “El retrete del bar La Verónica ni siquiera merecería ese nombre. Era un cuartucho maloliente, de una angostura de armario escobero que obligaba a orinar con la taza incrustada entre los zapatos y el picaporte de la puerta presentido en los riñones, frío y solapado como una navaja. Sobre la boca desdentada que semejaba el excusado, cuya loza exhibía barrocos churretones amarillentos, colgaba una cisterna antigua que desaguaba en un estrépito de temporal, para quedar luego exhausta, como vencida, antes de emprender el tarareo acuoso de la recarga. Sobre la cabeza del usuario se columpiaba una bombilla que lo rebozaba todo de una luz enferma, convirtiendo la labor evacuatoria en una operación triste y atriblada. La desoladora escena quedaba aislada del resto del mundo por el secreto de una puerta mugrienta, que lucía delante el medallón reversible de un cartelito unisex y detras un garrapateo de impudicias surgidas al hilo de la deposición”.

  13. Una cuentista | viernes 18 febrero 2011 at 19:33 | Permalink

    No oso. Que sí gozo un montón con la ofrenda gratuíta de conocimientos que repartes a diestra y siniestra. Raro, hoy, que todo intercambio es mercantil. Más admirable, si cabe, porque destacas, aunque te las des de pedante, acusación cada vez más abundante entre este mundo de rocinantes, que, acusados ya, por mentes pensantes, como Nicholas Carr en El País el 29 de enero del presente, en “Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?, tal vez empiece a desvelar algunas de las causas por las cuales no hay ni dios que sea capaz de terminar un artículo, ya no digamos un libro, salvo honrosas excepciones, claro.

    Y esta entrada pedante me ha de servir de excusa a mí para empatizar absolutamente con Alex, cuando dice ser como es, para defenderse de las acusaciones de pedantería que algunos le atribuyen. Ante todo no enmudecer, ni en la forma, ni en el fondo. Si esto sigue así, lo más hip será un gruñido, y el mejor hipster graznará.
    Escribo y leo, casi constantemente. Y, muy a mi pesar, no consigo tener esa gracia de los dioses que llaman autocrítica. Ni el dinero ni la fama me interesan. Pobre de mí si en ellos cayera. Lamento decir, aunque quede feo, que la poesía, como forma de expresión, excepto en alguna ocasión, no me altera. Me parece que todavía no he encontrado algo que no me interese por una u otra razón. Así que escribo sobre cualquier cosa, pero, lo dicho, no sé si lo hago correctamente o no. Estoy escribiendo ahora un cuento con el que me divierto, pero no sé si gustaría a los demás…

    Enhorabuena, y miles de gracias por las tuyas y las de quienes te siguen en este blog. Saludos a todos y todas. Una cuentista.

  14. Una cuentista | viernes 18 febrero 2011 at 20:15 | Permalink

    Obligadísima a darte las gracias de nuevo. Ahora, por poder escuchar de nuevo esta música tan maravillosa, mientras escribo. Me recuerda sutilmente a Karmakanic -creo recordar que se escribe así- y a otro grupo del cual tendré que buscar el nombre que he olvidado ya, coetáneo del primero. No sé si siguen activos o no. Yes, Pink Floyd y King Crimson acuden a mí, sin parecerse.
    Saludos. Una cuentista.

  15. Álex Hernández | sábado 19 febrero 2011 at 15:46 | Permalink

    Qué concurrido está esto, cómo me alegro ;-)
    Que conste (y lo digo por mis detractores) que las palabras de la cuentista no las he escrito yo, ¿eh? ;D
    ¿Verdad que es bonita la canción? Aunque Carballeira me dijo que le gustaba más la música antigua. En fin, para gustos, colores. Me escribió Peter Adams muy contento de que se usara su música en un podcast, así que igual sigo con ella, ya veré.
    Lo que dice Lightray es muy cierto, a veces cuanto menos pensamos mejor escribimos. El fragmento del aseo tiene grandes hallazgos (“presentido”, “rebozaba”) y algunos excesos (la última frase). Creo que se la ha dado mejor escoger las palabras que conformar las oraciones. Y de elegir palabras hablará la próxima sesión.

  16. Lightray | sábado 19 febrero 2011 at 17:22 | Permalink

    Alex, ¿de verdad crees que alguien piensa que la cuentista eres tu? Je je je.
    La música de fondo de tu último podcast es muy agradable. Yo la dejaría en las siguientes sesiones.
    En cuanto al texto de Félix Palma, me parece un poco sobrecargado (para mi gusto): frases demasiado largas, exceso de adjetivación… Totalmente de acuerdo contigo en lo que comentas sobre la última frase, así como en los hallazgos que señalas. Me parece muy acertada la comparación de las dimensiones del retrete (me encanta la palabra retrete, mejor que servicio) con las de un armario escobero; casi sobra el resto de la frase (“que obligaba a orinar con la taza incrustada…”).
    Ya tengo ganas de escuchar la próxima sesión, por lo que anticipas de ella.
    Me encantaría que los siguientes podcasts, al igual que éste último, versaran sobre cuestiones de estilo, ritmo, gramática o que profundizaran en temas que ya se han tratado y que son de interés general, como: los diálogos, la estructura, monólogo interior, etc.
    Aquí dejo un enlace del libro de Félix Palma donde aparece el relato del retrete. Os recomiendo también, del mismo autor, “El vigilante de la Salamandra”, “El mapa del tiempo” y “Las corrientes oceánicas”
    http://www.elplacerdelalectura.com/2010/05/el-menor-espectaculo-del-mundo-felix-j.html
    ¡Saludos!

  17. Una cuentista | lunes 21 febrero 2011 at 11:56 | Permalink

    Fragmento de un cuento, de Una cuentista, escogido ad hoc, inventado ahora mismo, espiralmente, espiral-mente, esper-al-mente. Jejejejejeje! (retorcimiento manos, incluído)

    (…) Y qué puede hacer una cuentista, a la antigua, que no es capaz de someterse a talleres, ni a rigores de horarios. Sólo escucharte, leer de todo, escribir, y asombrarse de la magia -unos la llaman así, otros como les viene en gana, la espiral, o yo qué sé-, pero que no es otra cosa que un gran juego, que marca tu destino… Ya me enrollo. Escribir tu cuento, el que surge en cada instante, según tires de uno u otro de los hilos que se te van tendiendo, si sabes mirar, si sabes escuchar, si te tomas tu tiempo. Si te dejas guíar, no creo que tenga un fin grandilocuente, y/o terrible. Sólo te conduce y te ayuda a la reflexión, mediante guiños. Quizá sea eso lo que le pasa al artista… en una mayor y más desconocida proporción, al menos desconocida para mí, que soy simple mortal, no artista, sino ludópata de la vida. Tampoco se me mal entienda, que no estoy, de ningún modo, entre los enemigos del artista, esos interesados, solamente, en las cosas del pecunio, incapaces, impotentes ya, a causa de ese interés, que los somete y esclaviza, a ser otra cosa más que meros buscadores y guardadores del tesoro vil. Pero que, a veces, muchas veces, condenan, por no entenderlo, al artista como loco, y lo tildan de tal. Y esto hacen con el artista, al que no pueden entender de ningún modo, puesto que su única verdad es poder y dinero, que ciegan e impiden ver ninguna otra cosa que no sea eso. Pero, a los demás, al resto, no los llaman locos, pero sabemos qué hacen con ellos, con nosotros, los que no somos artistas (…)

    Saludos. La Cuentista.

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