Skip to content

Parecido y empatía

Un libro es un espejo

¿Un libro es un espejo?

En la sesión 17 del podcast, dedicada a caracterización, hablé de cómo el parecido entre lector y personaje genera empatía, mientras que la diferencia genera curiosidad.  Pero no me detuve demasiado en el tema de los parecidos, o al menos se me olvidó dar ciertos ejemplos que estaban entonces en mi cabeza.

Por ejemplo, las novelas románticas, cuyo público es mayoritariamente femenino, suelen estar protagonizadas por mujeres. Por supuesto también hay un protagonista masculino para completar la pareja, pero la heroína es en un 99,9% de los casos la mujer.

De una forma similar, los géneros más típicamente masculinos (novelas de juzgados, de espionaje, etc.) suelen estar poblados por policías, abogados y soldados… de sexo masculino.

Pero los ejemplos más evidentes los encontramos en el cine.  ¿Acaso no están siempre las películas infantiles protagonizadas por niños? ¿O las de terror por adolescentes? ¿O las románticas por mujeres? Hay excepciones, como en todo, pero la pauta está clara, ¿verdad?

Sé que la mayoría de los que me leéis no escribís literatura de género, ni con un público determinado en mente, sino que seguís más bien la literatura “culta” y escribís para vosotros mismos. Por tanto no diré eso de “piensa en quién es tu público objetivo, y acerca tu protagonista a ellos lo más posible” (aunque podría decirlo… de hecho lo acabo de decir). Pero la regla también se puede aplicar a la inversa: de tu protagonista podrás deducir cuál puede ser el grueso de su público potencial. Y esa información puede ser útil, a la hor apor ejemplo de elegir a qué certamen o a qué editorial enviarlo, o quiénes de entre tus amistadas pueden darte una opinión apropiada, similar por decirlo así a la de tus potenciales lectores reales.

Como siempre, un tema sobre el que pensar.

{ 3 comentarios }

  1. Jesus (mac66) | miércoles 18 agosto 2010 at 18:10 | Permalink

    Es un buen consejo. Como poco, una buena selección de a quién enviar tu obra te hace pasar de imposible de publicar a sólo improbable. De todos modos hay un buen montón de pequeñas editoriales que aún publican no por amor al arte pero sí con amor al arte y están dispuestos a arriesgar con jóvenes, y no tan jóvenes espero, valores.

  2. Lightray | miércoles 18 agosto 2010 at 22:53 | Permalink

    Interesante tema, como todos lo que componen este blog. La verdad es que me encanta dejarme caer por aquí, escribir y leer los comentarios del resto de los participantes (espero que no se me tache de pelota por decir esto).
    Me suele suceder algo curioso con los personajes, y es que no necesito que tengan un perfil específico para identificarme con ellos. En mi caso, depende más bien del buen hacer del escritor que de la naturaleza del personaje en sí. También puede que se deba a mi forma de ser: No suelo prejuzgar a los demás, ni emitir un juicio sobre ellos por su condición sexual, ideales o creencias religiosas.
    Un amigo me dijo en una ocasión que un buen escritor no puede tener prejuicios y debe saber escuchar, aunque no siempre comparta la opinión del otro.

  3. Álex Hernández | jueves 19 agosto 2010 at 12:48 | Permalink

    Gracias, Lightray, ¡es un placer tenerte por aquí! A mí me encantan los personajes raros, creo que soy más inclinado a la curiosidad que a la empatía, pero sin duda las dos son herramientas interesantes, qué digo, ¡ambas son imprescindibles! Incluso el personaje más excéntrico necesita características que lo humanicen y nos permitan empatizar con su causa. Y también, incluso el personaje más empático necesita que le suceda algo interesante, si no, ¡menudo tostón!

Enviar comentario

Tu email no será visible públicamente. Los campos marcados con * son imprescindibles.